La Historia contada desde los pueblos

“Corre el rio Santiago, los antiguos lo llamaban rio grande o tololotán, muy allá cuando los nahuas, los cocas, los tecuexes, los toltecas, los zapotecas, los purepechas, y más, caminaban por sus márgenes, dicen los estudiosos que lo nombraban con gran respeto chiclahuapan, palabra que significa potencia de nueve ríos, ahh os aquí en nuestro pueblo centenario, en un lugar que llamamos chacota, allá por la barranca camina el rio, antes se oía lejos, rugía, llevaba agua, poco antes de llegar al milenario tololotlán, de donde recibía su nombre se asilenciaba, se hacia un remanse, se aquietaba. En ese lugar para pasar a las tierras de tololo, había una puerta de las que llamamos de falsete, cerca de la puerta estaba una casita la habitaba un hombre llamado porfirio le decían el huitlacoche, este buen hombre hacia violines, para los músicos de los alrededores, unos violines roncones, les nombraban de górgoro, platican que en las noches serenas se oían hasta el otro lado del rio, las cuerdas las hacían con tripas de zorrillo o tacuache, ¿como ven? historias de cosas muertas contaremos aquí, como el rio que ya no suena….llora. 

Cosas del diario hacer, del rio, de los cerros, de barrancas, de los antiguos, de los antes, de personas simples que es necesario un alto silencio para nombrarlos, de cosas que no pasan ya, que hasta parecen eternas por lo que de ellas decimos, noches de eternos desvelos, de los que luchan por un pedazo de pan, de cosas simples, de lo juntito a la gente, de lo de abajo, de eso pondremos aquí.” 

Textos escritos por Enrique Encizo para ser parte del Oratorio Político, una forma arquitectónica, una forma musical o simplemente puede entenderse como un punto de oración, de esta manera una estación de radio es también un oratorio, un espacio de comunicación comunitario.
En Oratorio se inicia el discurso musical con la palabra, la memoria de un territorio común, de ríos, bosques y playas que se destruyen para beneficio de unos pocos. Original de Armando Castro y Andrés Aguilar

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Ubicación geográfica y fundación del municipio

El municipio de El Salto se encuentra ubicado en el centro del estado de Jalisco, a 30Km de la ciudad de Guadalajara entrando por la carretera hacia Chapala. Su superficie total es de 41.5 Km2, su nombre se debe a la otrora hermosa caída de agua de su principal río denominado Santiago, y el arroyo permanente de El Ahogado. Cuenta con los manantiales del cerro de La Cruz y con las presas de Las Pintas y El Ahogado. Sus recursos hidrológicos forman parte de la subcuenca  “río Santiago” (Verde-Atotonilco), perteneciente a la región hidrológica “Lerma-Chapala-Santiago”. El municipio de El Salto limita al norte con los municipios de Tlaquepaque y Tonalá, al sur con Tlajomulco y Juanacatlán.

Según Arregui (1980), a la llegada de los conquistadores españoles, las tierras a orillas del río Chiconahua (río de las nueve aguas) formaban parte del reino de Tonallán, regido por la reina Cihualpilli, sus pobladores eran cocas y tecuexes, hablaban náhuatl, cultivaban maíz, frijol y legumbres.

En el siglo XVII, estas tierras quedaron bajo el orden de los clérigos de la compañía de Jesús. Sus dominios se extendían desde el pueblo de Analco (hoy Guadalajara) hasta la caída de agua de El Salto de Juanacatlán, los pobladores cruzaban el río en canoas para llegar al pueblo de Juanacatlán a hacer compras y recibir servicios espirituales. Desde entonces, el río Santiago era la principal fuente de recursos para los pobladores nativos ya que sus aguas irrigaban los cultivos agrícolas tradicionales y hortalizas de calabaza, chayote, cebolla, rábano y fríjol que alimentaban a las pocas familias circunvecinas. La pesca de especies como bagre, carpa, mojarra, rana, trucha, caracol, charal, pescado blanco, chacales (camarón de río) y almeja de río era de captura variable de acuerdo con las temporadas, por lo que no constituía problemas de escasez de alimentos ni de explotación (Botello, et. al, 1987).

Aunque sean pocos los registros de la diversidad biológica presente en aquellos años, los pobladores nativos han hecho referencia a la presencia de vastos humedales. El ecosistema podía caracterizarse como bosque de galería con presencia de sauces, sabinos, pirúles y álamos. Asimismo, se distribuían en la zona algunas huertas que con el paso del tiempo fueron transformando sus frutos, de acuerdo con los alimentos nativos y con los que habían llegado y eran requeridos para las nuevas condiciones del latifundio, entre los que se podían encontrar árboles de mango, durazno, perón, aguacate, lima, limón, guayabos. Asimismo, se podían observar cerca de las lagunas y estanques aves migratorias, garzas, patos y zanates, especies de mamíferos entre ellos nutrias, armadillos y tejones, reptiles y anfibios como tortugas, culebra de agua, ranas, sapos, etc.

En 1822 se instaló un molino para regar surcos de caña, garbanzo y alfalfa cerca de la caída de agua. Desde allí, los productos se transportaban a Guadalajara en carretas jaladas por yunta de bueyes; a dicho lugar comenzó a llamársele “Hacienda del Molino”. Junto con ella, la hacienda de “El Castillo” y “La Azucena” formaban un solo latifundio. Varios años después al margen izquierdo del Río Grande-Santiago se instaló un molino de harina llamado “El Sagrado Corazón” acompañado de la construcción de casas para sus trabajadores. Cercano a éste se construyó la hacienda “Jesús María” con vista a la, entonces preciosa, cascada (Durand, 1986).

En 1889 se comienza a edificar la fábrica textil Río Grande. En junio del 1892 la Secretaría de Fomento para el Agua concesiona la caída de agua de El Salto de Juanacatlán a la compañía de Luz y Fuerza Motriz de Guadalajara, constituyéndose así, la primera hidroeléctrica para el servicio público de la República Mexicana y la primera de este tipo en América[1]. En mayo de 1896, se inauguró la fábrica textil Río Grande, y la colonia industrial de El Salto. La fábrica llegó a tener hasta 1650 obreros entre hombres, mujeres y niños llegando gente de distintos lugares de México (Durand, 1986).

Los asentamientos poblacionales tradicionales se encontraban en las cercanías del río. La hermosa cascada, el clima y la abundancia de vegetación hacían del lugar un terreno habitable y con recursos suficientes para abastecer una pequeña población y a su vez explotar los recursos abundantes.

Proceso de instalación del corredor industrial El Salto

Se ha mencionado anteriormente que la abundancia de recursos naturales, hicieron de la localidad de El Salto, un lugar atractivo para la inversión en diversos rubros económicos. La cascada de El Salto de Juanacatlán fue el principal incentivo, ya que ofrecía un gran volumen de agua con posibilidad de utilizarse como materia prima y en la generación de energía indispensable para diversos procesos manufactureros. De este modo, se dio paso a la construcción de la primera planta hidroeléctrica para generación de energía eléctrica en México, con ello se promovió a su vez, la construcción de una Fábrica Textil en 1896 por parte de las Familias Brown y Smith. La construcción de estas empresas fue trascendental ya que en seguida se manifestaron cambios de tipo social, económico y político en este territorio (Salas, M. 2001).

Las industrias se instalaron a partir del 17 de mayo de 1896 en terrenos de la Hacienda de Jesús María, perteneciente a la Sra. Dolores Martínez Negrete y su hermano Francisco Martínez Negrete. Las instalaciones incluían la fábrica textil, la hidroeléctrica y una colonia obrera; dividida en estratos definidos por el puesto de los empleados (propietarios, empleados y obreros), áreas de oficinas, tienda dispensario y oficina de correos, servicios indispensables en ese entonces (Durand, 1986).

En estos años la población mexicana transitaba por diversos procesos de migración del campo a la ciudad, los desplazamientos poblacionales ocurrían de acuerdo con la oferta de nuevos empleos, por ello se promovió el traslado de obreros textiles de otras áreas laborales hacia la zona de El Salto. Así, llegaron más de un centenar de obreros con sus familias, procedentes de la Fábrica de San Fernando, ubicada en Tlalpan, Ciudad de México, así como otros contingentes de obreros de Querétaro, Puebla y sobre todo, de la cercana ciudad de Guadalajara (Durand, 1986).

Hasta 1898, el Municipio de El Salto estaba unido con Juanacatlán, únicamente existía una separación geográfica delimitada por el río Santiago justo en el punto de la cascada. Por ello en dicho año el congreso del estado de Jalisco erige el municipio de Juanacatlán, el cual agrupa los ranchos cercanos, las haciendas y la fábrica textil de El Salto. Al año siguiente comienza la construcción del puente que uniría estas dos localidades como parte de la colonia textilera. El territorio comienza a transformar su paisaje rural en un lugar dedicado a la industria textil y con un creciente aumento de la clase obrera, los habitantes nativos recrean una identidad que va de las antiguas costumbres pesqueras hacia la nueva noción de productividad obrera incentivada en las fábricas.

En 1918, se declara en quiebra la fábrica textil Río Grande y un año más tarde es rematada a compradores franceses. En estos años se establece un ferrocarril entre la estación de El Castillo y Río Grande, asimismo la construcción del camino de automóviles de El Castillo a Río Grande. La década de 1920 marca la organización de la clase obrera, con el surgimiento del sindicato de trabajadores “Sindicato revolucionario de Obreros Textiles y Similares de Río Grande”. Del mismo modo, comienza la reorganización del territorio impulsado por la hacienda “Jesús María”, la cual se eleva a la categoría de comisaría delimitando así los terrenos de las haciendas “Zapotlanejo” y “Rancho en la Azucena” (Durand, 1986).

La creciente ola de migrantes provenientes de diversas partes del país, y de la ciudad de Guadalajara principalmente, intensificó el crecimiento de la zona industrial y provocó una combinación de actividades económicas entre quienes mantenían la pesca y la agricultura como fuente de sustento, y los obreros, de modo que se configura un territorio obrero-rural. Los pobladores nativos mantenían su tradición pesquera y agrícola, mientras que las áreas con mayor biodiversidad proyectaban un desarrollo turístico incipiente.

Los nuevos habitantes, fueron adaptando sus costumbres y transformando su identidad de acuerdo con la oportunidad que les brindaba la producción manufacturera, de modo que se introdujo rápidamente el ideal del cambio y el progreso, sobre las formas autogestivas de producción, y, la reproducción social comenzó a diferenciarse de manera compleja, entre habitantes nativos, migrantes asentados permanente y migrantes que únicamente laboraban e su jornada en el territorio.

En 1943, el congreso del estado aprueba la municipalidad para la delegación de El Salto, perteneciente al municipio de Juanacatlán, quedando separada políticamente; el nombre de su cabecera sería el mismo. Durante estos años se edifican las primeras instituciones de beneficio público, como hospitales, escuelas y el panteón municipal, asimismo se institucionaliza la festividad tradicional en honor de la “Virgen Madre Admirable”. Todo este desarrollo, trajo consigo la necesidad de construir un puente sólido sobre el cauce del río Santiago que uniera los municipios de Juanacatlán y El Salto (Durand, 1986).

La construcción de vías de comunicación a nivel nacional promovió la naciente zona industrial de El Salto como sector potencial para la instalación del corredor industrial de Jalisco, de modo que atrajo la atención de múltiples empresarios involucrados en el programa “Parques y Ciudades Industriales” que pretendía desconcentrar las plantas manufactureras localizadas en la capital del país. En 1953 se instalan al menos 6 industrias en El Salto, se elaboraron estudios técnicos sobre el potencial de un corredor industrial localizado en las zonas periféricas industrializadas cercanas a Guadalajara.

De este modo, bajo el auspicio del programa “Parques y Ciudades Industriales” se logró instalar el Parque Industrial Guadalajara, ubicado en el municipio de El Salto en 1967. El objetivo de este parque era desconcentrar fábricas ubicadas en las zonas metropolitanas del país, principalmente de la ciudad de México y Guadalajara, considerando que El Salto podría ser una opción por el antecedente industrial obtenido décadas atrás y porque podría aprovechar las ventajas de aglomeración al estar cerca de Guadalajara (Rodríguez, B. y Cota, Y. 2006).

De este modo, el corredor industrial promovió la ampliación de la carretera Guadalajara- Santa Rosa-La Barca, la ampliación del aeropuerto Miguel Hidalgo, la construcción de líneas de comunicación terrestre a lo largo y ancho del corredor industrial, la ampliación de escuelas técnicas industriales y agropecuarias en la zona, la construcción de una red auxiliar del gasoducto –Pemex- hacia todo el corredor industrial y la construcción de la autovía Guadalajara-Ocotlán. Tales medidas, acompañadas por ventajas fiscales e incentivos para los industriales sobre la compra de terrenos ubicados en el municipio de El Salto, facilitaron el desarrollo de una temprana industrialización (Lechuga, 2002).

 INDUSTRIAS INSTALADAS EN EL SALTO (hasta 1975).

Empresa Año Actividad
Nacional textil 1896 Hilados y tejidos
Celulosa y derivados 1967 Química textil
Policsac, s.a. 1969 Química plástica
Aceros industrial 1970 Estructuras
Champiñones de gdl, s.a. 1970 Alimenticia
Industrias petroquímicas 1971 Petroquímica
Euzkadi, s.a. 1971 Hulera (llantas)
Maquiladora de oleaginosas, s.a. 1974 Aceitera
Ibm de mexico 1975 Electronica
Fuente: Durand,1986  
       

Con el arribo de nuevas industrias al área del corredor de El Salto la actividad industrial fue diversificándose, aunque aún prevalecía la actividad textil. El sector químico hizo su aparición generando paulatinamente la llegada de nuevas industrias del sector alimenticio y automotriz, hasta la actual industria de la computación y electrónica, la cual fue expandiéndose hacia otros municipios como Tlaquepaque y Guadalajara. Con ello el corredor fue ampliándose también a otros municipios cercanos como Tlajomulco de Zúñiga y recientemente Ixtlahuacán de los Membrillos (Lechuga, 2002).

Tras un estudio realizado por el Instituto Jalisciense de Promoción y Estudios Económicos A. C., integrado por un grupo de directivos empresariales encargados de la coordinación, localización y perfil de las empresas, y el grupo de presidentes de las cámaras industriales de Jalisco (dedicado al aseguramiento de la rentabilidad, el aspecto urbanístico y supervisión general) se establece formalmente a fines de 1978, el Parque Industrial El Salto en tres polígonos: El Castillo, Santa Cruz de las Flores y la Venta.

En 1979, comienza el fraccionamiento industrial del municipio de El Salto y durante los próximos años 38 empresas adquirieron varias hectáreas de terrenos. En 1985 se instalaron gran parte de las empresas, hasta llegar a la cifra total de 62 industrias, la mayoría ya en procesos productivos y algunas en construcción. Para estos años también se funda la Asociación de Industriales de El Salto, A.C. grupo en el que participan 58 de 62 empresas. El corredor industrial de El Salto fue catalogado entonces como una importante zona industrial denominada “El Valle del Silicio de México”, principalmente por el arribo y concentración del sector electrónico (Computación y Telecomunicaciones), compitiendo con países como China, Bangladesh, Malasia, Singapur y Corea del Norte en este sector (Salas, M. 2001).

Los pobladores de las localidades próximas al corredor industrial Ocotlán-El Salto suscribieron la política gubernamental para promover el desarrollo económico del estado y la desconcentración de la actividad industrial en el área urbana de Guadalajara, ya que la planta industrial simbolizaba una fuente permanente de empleo y, con ello la posibilidad del acceso a un mejor nivel de vida. De manera que los pobladores aseguraron empleos al interior del corredor y en algunos casos se establecieron como obreros fluctuantes en las diversas empresas.

[1] Periódico El Informador. Breves datos históricos sobre la Electrificación publica en el estado de Jalisco y el futuro en el país. Pág. 3. Jueves 5 de Octubre de 1967.

Autor: Dra. Lizette Santana